Puntos de vista

12 de julio del 2019

Te ofrecemos artículos escritos por las y los líderes de la región latinoamericana.

¿Quién dijo que las personas ciegas no pueden ver?

Tuve que viajar y convivir con personas ciegas para descubrir la diferencia entre mirar y ver. Me adentré al universo paralelo en el que viven las personas con discapacidad. Un universo que, hasta ese momento, para mí era tan incierto como la sensación de poder hacer que una persona que nunca tuvo la posibilidad de ver pueda incorporar experiencias similares gracias a simples cambios en la infraestructura de la ciudad.

A los 24 años que me recibí de arquitecta, comencé a trabajar en la entonces Secretaría de Turismo de la Provincia de Buenos Aires. En el año 2009 fui Directora de Turismo Social de la Provincia, lo que comprendía el desarrollo del 1° Departamento de Turismo Accesible del país. ¿Qué significaba eso? Un área que se ocupe de eliminar barreras arquitectónicas y comunicacionales en el ámbito del turismo para personas con discapacidad y/o movilidad reducida.

¿Cómo liderar un área en la que no tenía conocimiento previo? Durante mi carrera no estudié cómo se maneja una persona en silla de ruedas adentro de un sanitario, el por qué es necesario contar con un barral rebatible o cuál es la forma correcta de colocar un solado podotáctil. ¿Cómo hago para que una persona ciega pueda conocer un paisaje tan variado y diverso como es el territorio en que habitamos? Muchas preguntas sin respuestas.

Con los miedos propios de una joven encarando un nuevo desafío, decidí incorporar un término, que en el Programa para Mujeres Líderes Emergentes del BID trabajamos en profundidad: la empatía.

En este caso, me puse en contacto con personas con discapacidad motriz, ciegas y sordas. Viajé con ellas en auto por más de 400 km. Me di cuenta que no teníamos la posibilidad de bajar a un baño porque no eran accesibles, tener que leer cada plato de una carta de los restaurantes, porque no existían lugares que tuvieran menú en Braille y acudir a la mímica y a la escritura para hacerme entender con personas sordas.

De ellos aprendí todo. Aprendí lo técnico que resulta necesario para diseñar entornos universales, aprendí a apoyar a las personas convirtiéndome en un bastón, pero, sobre todo, aprendí que andamos por la vida mirando sin ver. A tener menos prejuicios, a creer en una sociedad más igualitaria, vivencié la diversidad en todas sus facetas, descubrí la capacidad de incluir o excluir a alguien tan solo con un gesto.

Pasé de preguntarle a una persona ciega como se animaba a freír las milanesas para sus hijos, a preguntarle a un compañero en silla de ruedas cómo hacía para sacar a bailar a las chicas. La empatía y la autenticidad me abrieron muchas puertas en el camino de la accesibilidad.

Hoy, casi 11 años después, sigo en la función pública, trabajando para la Subsecretaría de Turismo de la Provincia. Cambiaron las gestiones, los gobernadores, la coyuntura socio-política y sigo teniendo la suerte de que la accesibilidad está en agenda pública y eso no es menor. Sin eso no hay camino para andar, no hay margen para ejecutar, mucho menos para aprender.

Agradezco a los líderes que me dejaron sumergirme en este camino de transformación, sabiendo que era una joven aprendiz. Hoy puedo abrir caminos (literalmente) gracias a las personas que me dijeron qué era lo que necesitaban para llegar a una orilla en silla de ruedas, interpretar un destino turístico con los ojos cerrados, o “escuchar” una disertación gracias a un intérprete de señas.

Empatía, capacidad de escucha, oratoria, armado de equipo, poder de síntesis, son algunas herramientas que trato de mejorar día a día para seguir transitando este proceso de transformación conjunta.

Invito a todas las lectoras a cerrar los ojos y pensar la diferencia entre ver y mirar. Entre empatía y simpatía.

Agradecida de los errores cometidos, los desaciertos, a los que me abrieron las puertas y a los que me la cerraron, a Marcelo que hoy ya no está en este plano, pero está en cada una de mis anécdotas (Marcelo era ciego de nacimiento, tenía 72 años, juntos nos trepamos a un banco para abrazar un helicóptero en un museo y vivenciar qué eran esas cosas que pasaban por el cielo haciendo ruido).

Creo que la vida son momentos. ¡Aliento a cada una de ustedes animarse a ir por ellos!

Ya verás como te transforman.

TurismoParaTodos

Imagen: https://adp-ascensores.com/turismo-accesible-para-todos/

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Agustina Del Papa

Arquitecta, Asesora en Accesibilidad Turistica

Participante del Programa para Mujeres Líderes Emergentes del BID en Argentina. Cuenta con amplia experiencia y desempeño en el sector público, en organismos de gobierno referidos al ámbito del turismo y arquitectura. Promotora de propuestas para la eficaz eliminación de barreras existentes en los diversos contextos circundantes. Diseño de políticas de gestión que apunten a la inclusión de todos los ciudadanos a la actividad turística.

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