Nivelando la cancha - debates anteriores

En la colonia británica de Turcos y Caicos se da un fenómeno único en el mundo: los principales cargos del poder ejecutivo y del judicial son mujeres, por muy amplia mayoría. La primera ministra Sharlene Cartwright Robinson lo tiene claro: fue su trabajo como parlamentaria durante ocho años la que le permitió que la población la viera ya no como mujer, sino como persona capacitada y dedicada a su cargo. La Fiscal General, por su parte, destaca que ha sido la presencia de mujeres en la sociedad civil y el mundo corporativo el que ha allanado el camino hacia la política. Ambas creen que una mujer sí aporta valores específicos a la política: atención a los detalles, versatilidad e inteligencia emocional.

¿Crees que es casual que Turcos y Caicos sea una colonia británica? ¿Sería esto posible en los países de cultura hispánica? ¿Por qué?

 

 


En Uruguay está ganando peso una corriente de opinión contraria a las leyes de cuotas para mujeres, incluso entre algunas legisladoras que argumentan que la presencia de una mujer en un puesto por cuota es ofensiva, pues se le presupone incapacidad para ganarlo por méritos propios. En Uruguay las mujeres son la mitad del el Consejo de Ministros, más de la mitad del Poder Judicial y son muy abundantes en el parlamento y hasta en la empresa privada. Quedan bolsones de oposición masculina a su presencia en ámbitos como la policía, las fuerzas armadas o la dirigencia política, pero esto pronto será un anacronismo en una sociedad donde las mujeres cada vez muestran más su valía en todos los órdenes.

¿Crees que la realidad uruguaya es trasladable a tu propio país? ¿Qué te parece que haya mujeres anti cuotas? ¿Crees que solo con las cuotas las mujeres pueden llegar a tener posiciones de liderazgo?

 

 


Que una reunión de empresarios chilenos termine con el regalo de una muñeca inflable al ministro de Economía resultó bochornoso, pero sirvió al menos para dejar en evidencia el enorme déficit que queda en el país para lograr la paridad de género: Chile ocupa el puesto 119 dentro de 144 países en el ranking de igualdad del Foro Económico Mundial, y la proporción de mujeres en directorios empresariales no llega al 6%. La presidenta Bachelet hizo bandera de la paridad en su primer mandato, pero en el segundo, y pese a haber encabezado en el intermedio ONU Mujeres, parece haber relegado la cuestión fuera de sus prioridades. Solo en 2017 se aplicarán las cuotas en las listas electorales, mucho más tarde que otros países de la región, y lo cierto es que un 86% de las chilenas siente discriminación laboral.

¿Qué les pasa a nuestras políticas que también ellas terminan relegando las cuestiones de género? ¿Faltó coherencia entre la Bachelet mundial y la Bachelet de casa en lo referente al género? ¿Imaginas en tu país un incidente parecido al de la muñeca inflable?

 


La diputada de Oaxaca Eufrosina Cruz Mendona ha denunciado a un periodista por haber publicado en su cuenta de Facebook un comentario donde se aúna el racismo con el machismo más clásico: el periodista le reprocha haber pasado de “vender frijolitos y tortillitas” a vestirse con sacos Burberry y bolsos de Prada, antes de concluir: “Hoy su vestimenta humilla a cualquiera”. La diputada consideró lamentable que se confunda el periodismo y la libertad de expresión, legítimos y protegibles, con un claro acto de discriminación por razones étnicas prohibido por la misma Constitución mexicana, y consideró que lo sucedido es una muestra más de la violencia política ejercida contra la mujer.

¿Acaso no tiene derecho una política indígena a vestirse con la ropa de su elección? ¿Habría existido tal comentario tratándose de una diputada no indígena? ¿Qué clase de comentarios  negativos constituyen violencia política?

 

 

 


La Fiscal General Thelma Aldana ha impulsado en el Ministerio Público de Guatemala un plan estratégico de igualdad entre hombres y mujeres en su organismo que ayude a superar varios fenómenos: la fuerte diferencia salarial, la poca inclusión de las mujeres en puestos de poder, su baja participación política, el casi inexistente acceso a programas productivos y un limitado acceso a la justicia. El plan se ha elaborado a través de un proceso participativo donde los trabajadores y trabajadoras han sido invitados a participar, y ha incluido además una perspectiva inclusiva desde el punto de vista social y también étnico.

¿Existe en tu ministerio o tu organismo un plan de igualdad, o algunas políticas en este sentido? ¿Te han invitado alguna vez a participar en un proyecto parecido? ¿En qué sector de la vida pública de tu país ves una mayor promoción a la igualdad de género?

 

 


La política de cuotas ha sido crucial para ver a más mujeres en los órganos legislativos y de gobierno de todos los países, pero el machismo siempre acecha: en la República Dominicana, la Unión de Mujeres Municipalistas ha denunciado cómo los partidos en su país ponen a mujeres en sus listas con el único fin de cumplir las cuotas y luego, una vez electas, les obligan a renunciar a sus cargos. En palabras de Aura Saldaña, las mujeres están siendo utilizadas como “conejillas de indias” por parte de los partidos, y lo peor es que la legislación no las protege porque esas prácticas no están expresamente penalizadas.

 ¿Has conocido casos similares de mujeres elegidas solo por la forma? ¿Qué tipo de perfil tienen las mujeres que se prestan a este juego? ¿Debería penalizarse con multas o de otro modo a los partidos que incurran en estas prácticas?

 

 


Una encuesta entre legisladoras de Córdoba (Argentina) reveló que un 60% de ellas consideró definitivo o muy relevante la existencia de un sistema de cuotas femeninas para haber llegado a donde estaban. Casi dos terceras partes dijeron tener algún familiar en política que les influyó para animarse a integrar la carrera y que hizo que, por ejemplo, en sus hogares se hablara mucho de política. La entrada en política se hizo en casi la mitad de casos a través de un partido, mientras que un 11% citó a organizaciones estudiantiles. En cuanto a la percepción de discriminación por razones de género, un 55% de ellas dijeron haberla padecido en algún momento de su carrera.

¿Crees que las mujeres deben ser capaces de alcanzar, por sus propios méritos, cargos políticos sin la necesidad de contar con “mecanismos de afirmación positiva” como las cuotas o cupos que buscan equilibrar situaciones desventjosas? ¿Por qué?

 

 


El Gobierno argentino ha presentado un proyecto de reforma electoral donde llama la atención un “olvido”: no se menciona la necesaria paridad de géneros en las listas de candidatos. Podría parecer un mero descuido, si no se añadiera a la reciente recomposición de la Corte Suprema, donde todos los nuevos cargos están ocupados por hombres. O a la flagrante superioridad de cargos masculinos en sindicatos y asociaciones profesionales. La subrepresentación de las mujeres en los órganos de poder argentinos es un hecho que contrasta con el principio de los años noventa, cuando el país era pionero en prácticas de paridad.

¿Deben implantarse obligatorias medidas de paridad en todos los ámbitos del ?  ¿Crees que nuestra región latinoamericana sufre cierto estancamiento al respecto? 

 


La brecha salarial por razón de género se da muchas veces por descontada sin entrar en detalles, pero es interesante segmentar el análisis, como acaba de hacer un estudio sobre el caso de Uruguay, para obtener estos resultados: primero, en el sector público una mujer gana un 2% menos que un hombre, mientras que en el sector privado la diferencia es del 13%. Lo más llamativo ha sido cuando se tomaron en cuenta niveles educativos: si en los trabajadores que no completaron la primaria la diferencia salarial es un 20% favorable a los hombres, este ratio se repite en todos los niveles, y llega a subir en el caso de los trabajadores con estudios universitarios ¡hasta un 28%!. Lo llaman suelo pegajoso y techo de cristal.

¿Es lo normal en tu institución que las mujeres lleguen mejor formadas que los hombres? ¿Tienen quienes ocupan mayores cargos mejor formación? ¿El nivel salarial de tus colegas hombres es superior al tuyo? 

 

 


La “sororidad” se entiende como la lealtad y la solidaridad entre mujeres que renuncian a degradar o pisar a las demás. No es palabra admitida en el diccionario, pero cada vez es más utilizada entre las feministas de México, que han hecho de ella una herramienta para promover una serie de campañas que busquen unir a las mujeres de diferentes etnias y clases sociales. Consiste, por ejemplo, en que las mujeres no deben referirse a la vida sexual de otras mujeres, no deben arrojar dudas sobre las que profesionalmente triunfan y sí deben apoyar siempre a las que denuncian el acoso sexual.

¿Sientes que la lealtad entre mujeres es menos frecuente que entre hombres? ¿Que entre nosotras nos ponemos más trabas? ¿Cuán importante es la sororidad para la lucha por la igualdad de género?


Los partidos mexicanos han sido obligados por la Constitución a respetar la paridad de género en la composición de sus listas, pero con frecuencia la inclusión de las mujeres se ha hecho sin criterio alguno y con improvisación, y no es casual que gran número de candidatas, puestas por los partidos solo por cumplir la cuota, hayan sido derrotadas. Una de las herramientas pensadas en pro de la equidad fue destinar el 5% del presupuesto de cada partido para capacitación femenina, pero fueron abundantes los casos en que este dinero terminó en cursos de bordado, cocina o en el encargo de miles de mandiles. Esto demostró la nula capacidad que las mujeres tienen dentro de los partidos para imponer sus condiciones y sus intereses cuando se trata del acceso al poder.

 ¿Es el asistencialismo una forma soterrada de discriminación? ¿Has sido en tu vida política receptora de cursos “femeninos” sin relación con la política? ¿Por qué las mujeres pesamos tan poco en el engranaje de los partidos?

 

 

 


La Secretaría de Función Pública de Paraguay ha realizado un estudio sobre la presencia de mujeres en el sector público distinguiendo dos niveles: el de los funcionarios rasos y el de los cargos dirigentes. En los tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial, se repite el mismo esquema: la presencia de mujeres es alta en la base, pero baja de forma estrepitosa en los niveles de conducción política. Particular atención merece el poder legislativo, ya que las mujeres, ocupando el 42 % de la base, solo suponen el 24 % de la cabeza. En el ejecutivo aún es peor, pues la mayoría del funcionariado es femenino (53 %), pero solo un 32 % de los altos cargos van para las mujeres.

¿Deben establecerse cuotas femeninas también entre los altos cargos de la administración pública? Esta situación de Paraguay, ¿la ves reflejada en tu propio país? ¿Tenemos las mujeres siempre presente que la igualdad también debe realizarse en la altura? ¿Actuamos en consecuencia?