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La presidenta ejecutiva del Banco Santander reflexiona sobre su postura del feminismo

20 agosto, 2018, El País

Extracto de la reflexión de Ana Patricia Botín, para El País:

“Llevo muchos años como ejecutiva. Años en los que he visto suficiente como para saber que, en general, las mujeres no reciben un trato justo. Con frecuencia he escuchado al feminismo equipararse con el establecimiento de cuotas, algo que instintivamente a mí no me parecía la respuesta adecuada. Porque puede ser injusto tanto para los hombres como para las mujeres. En parte sigo pensando lo mismo. No se trata de culpabilizar a los hombres. Ni tampoco se trata de dar ventaja a un género sobre el otro.

Es evidente que mujeres y hombres no somos exactamente iguales, ni física ni psicológicamente —aunque nos parecemos más de lo que algunos creen—. Lo más significativo es que las mujeres estamos expuestas a experiencias y expectativas muy diferentes a lo largo de nuestra vida. Aún así, considero que tenemos las capacidades intrínsecas para avanzar por méritos propios. En mi caso, opté por hablar claro y trabajar más que mis jefes, algo que aprendí durante mis años en un Banco Americano, la mayoría del tiempo en Nueva York.

Esa defensa de una misma, sin embargo, no tiene por qué ser solo una defensa personal. En el fondo, tal y como apuntaba la poeta Maya Angelou, “cada vez que una mujer se defiende a sí misma, sin saberlo, sin pretenderlo, defiende a todas las mujeres”.

Sheryl Sandberg ha liderado recientemente este feminismo en su libro “Lean In” (“Vayamos adelante”, en su traducción al español). A menudo, dice Sandberg, cuando las mujeres no defendemos nuestras capacidades, dejamos de competir por llegar a posiciones de influencia y no logramos ascender. El feminismo de Sandberg defiende que las mujeres podemos ascender profesionalmente si trabajamos más, si hablamos claro y a la vez presionamos para conseguir condiciones de trabajo más flexibles, que nos permitan compaginar nuestra profesión y nuestra vida personal. Es un feminismo autosuficiente, en el que te puedes valer por ti misma. No requiere una organización colectiva y, mucho menos, necesita la etiqueta pública de “feminista”. Por esa misma razón no es estrictamente político y, quizá por eso, es algo que a muchas profesionales como yo nos resulta atractivo de forma natural.

Sin embargo, al reflexionar ahora sobre ello, mi conclusión es que mis ideas sobre la igualdad de género, también las de hace diez años, no son una variante de ese feminismo autosuficiente de Sandberg. Ya sabía entonces que, aunque las mujeres sí necesitamos aprender a defendernos mejor, y ser más asertivas, estos esfuerzos individuales no serían suficientes para lograr el cambio que necesitamos. Ya entonces pensaba que, además de esa fortaleza individual, también necesitábamos cambios estructurales en la organización del trabajo, si aspiramos a un entorno laboral más justo.

Si mi feminismo de hace tiempo iba más allá de la autosuficiencia de Sandberg, ¿qué ha cambiado para que entonces no me considerara públicamente feminista y ahora sí? La tecnología digital tiene mucho que ver. Las redes sociales, en concreto, han modificado completamente el debate sobre la mujer. El movimiento viral #Metoo en respuesta a las acusaciones sobre Harvey Weinstein es el último y espectacular ejemplo del poder de las redes sociales para enfocar el debate y promover el cambio.

La socióloga Zeynep Tufekci, especialista en el impacto social de la tecnología, nos ayuda a entender el papel de las redes sociales como catalizador del cambio. En un artículo en el Financial Times, habla del poder del activismo público. Los hashtags, dice, se parecen bastante a las manifestaciones. Sirven para hacerle saber a la gente que no está sola. Es decir, tú y yo no solo sabemos lo mismo. Ahora sabemos que otros también lo saben. Y esto es algo que cambia el cálculo de riesgo cuando haces una manifestación pública”.

Lee la reflexión completa en el texto publicado en El País.

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Tipo de recurso: Noticias

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