¿A qué mujeres líderes admiras en Latinoamérica? ¿Quieres saber qué obstáculos encontraron y con qué apoyo contaron?¿Sabes qué figuras masculinas han sabido promover el liderazgo femenino e incorporar las agendas de género en su trabajo? Aquí incluimos los testimonios de aquellas mujeres latinoamericanas que han dejado huella o que van a marcar las agendas de sus países. Además daremos espacio a aquellos hombres líderes que están utilizando su influencia para abrir oportunidades al liderazgo femenino, porque los necesitamos como aliados también.

Laura Chinchilla

Laura Chinchilla

2016

"Las instituciones, la sociedad, la cultura y la educación académica formal contribuyen a construir o a derribar barreras de género, pero nada influye más que el ejemplo familiar"

Fue presidenta de la República de Costa Rica entre 2010 y 2014. Actualmente es profesora invitada y "fellow", para el período académico 2016 (spring - fall), en la Escuela MacCourt de Gobierno y Políticas Públicas y en el Instituto de Política y Políticas Públicas de la Universidad de Georgetown. Fue ministra de Justicia y Paz por dos años (2006 – 2008) así como congresista de la Asamblea Legislativa de Costa Rica entre 2002 y 2006. También se desempeñó como viceministra de Seguridad Pública (1994 – 1996). Es conferencista, profesora y asesora independiente en temas de seguridad ciudadana, gobernabilidad, mujer, y liderazgo colaborando con diversas intituciones académicas y de política y desarrollo en el ámbito internacional.

Hablando de equidad de género, ¿tuvo algún modelo a seguir?

Yo nací en 1959, para poner esto en contexto  te cuento que en ese año una de las figuras femeninas  más conocidas era la muñeca Barbie, aun cuando en ese año también, por ejemplo, Indira Gandhi se convirtiera en la primera mujer al frente de su partido en India. Esto sólo para decir que,  como muchas mujeres de mi generación,  estuve expuesta a modelos contradictorios sobre el significado  de ser mujer.  Por un lado estaba la escuela: cuando ingresé a primaria el sistema educativo todavía dividía a las niñas y a los niños en clases separadas. Recuerdo que en los libros de texto con los que aprendí leer repetían frases como “Mamá amasa la masa” y “Papá va a trabajar”.

Pero en casa, era distinto: yo era la mayor de cuatro hijos y la única mujer. Creo que fui afortunada ya que crecí sin barreras de contención interna por mi género. Me daban el mismo trato que a mis hermanos varones, pero lo más importante fue el ejemplo de mi madre; ella siempre luchó por mantener su independencia económica. Siempre trabajó.

 

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País: Costa Rica
Tipo de recurso: Entrevistas
Tema: Igualdad de género y de oportunidades, Liderazgo, Participación política


 Si recibió el mismo trato que sus hermanos varones, ¿cómo aprovechó ese trato igualitario en la familia? 

Al cumplir la mayoría de edad, junté los pocos ahorros que tenía de mis primeros trabajos y sin más, bajo la encomienda de mis padres de reportarme periódicamente, emprendí un viaje por Centroamérica, lo cual era impensable para una chica sola y más aún en aquella época. Fue sin duda una experiencia cargada de un montón de anécdotas en una Centroamérica en guerra que terminó por definir mi vocación y mi formación en las ciencias políticas.

¿Fue en ese viaje cuando pensó en aspirar a la presidencia de su país?

 No necesariamente. Ese fue sin duda un viaje que me marcó, que me expuso a una región en plena insurgencia contra la dictadura de Somoza. Pero, yome enamoré de los temas de paz y seguridad, en otras palabras, me sentí atraída a la gestión pública  más que a idea de la política.

Considero que todo aquel que aspira a ser presidente -si me permites ser un tanto simplista- pasa por tres procesos diferentes. Primero están los que nacieron queriendo ser presidentes, o bien sus familias querían que ellos fueran presidentes y les dieron toda una formación pensada para que eso sucediera. Probablemente el caso más emblemático sea el de John F. Kennedy en los Estados Unidos pero, sin duda, los encontramos también en otros países.

En segundo lugar se encuentran aquéllos a quienes la presidencia simplemente “les cae en el regazo,” que nunca se imaginaron ser presidentes, pero que los vientos políticos les favorecieron.

En último lugar, hay un tercer grupo, -al cual  pertenezco- los  que nos enamoramos de los temas que tienen que ver con la agenda pública y a quienes, más que la política partidista, nos gusta la gestión de la política pública. En la medida en que me adentraba en el mundo de la burocracia, me di  cuenta de que si quería influir en las políticas públicas, tendría que hacerlo desde la política.

América Latina y el Caribe tienen un buen número de mandatarias mujeres, pero eso no las libra de tener que enfrentar ataques y campañas con algún  sesgo sexista. ¿Cuál fue su experiencia?

Cuando uno contiende por la presidencia, seas hombre o mujer, te conviertes en objeto de todo tipo de golpes bajos. Recuerdo claramente cuando me dijeron “marioneta.” Hasta hubo un video al respecto. Los que me “dirigían” eran todos hombres, lo cual, degradaba mi liderazgo, demeritaba fuerza de voluntad propia y todo esto se agravaba aún más al ser mujer. Pero creo que, en mi caso, fue igual o más complicado ser la primera mujer a cargo del Ministerio de Seguridad Publica. Básicamente, porque la materia de seguridad pública es sumamente difícil de ser penetrada por el liderazgo femenino.

En este sentido, valdría la pena recordar que si bien América Latina y el Caribe es la región con el mayor número de presidentas mujeres en el mundo, institucionalmente aún queda mucho por hacer.  A nivel de partidos políticos, las mujeres representan más del 50% de la membresía de los partidos pero sólo ocupan el 12% de sus presidencias. Estamos frente a las primeras generaciones de mujeres que logran ocupar altos niveles jerárquicos, las cuales, al igual que sus contrapartes masculinas, buscarán el respaldo de sus antecesores, quienes al día de hoy son casi en su totalidad sólo hombres.

En conclusión, ¿cómo  empezar a derribar los obstáculos propios al género?

Sin duda, las instituciones, la sociedad, la cultura y la educación académica formal contribuyen a construir o a derribar barreras de género, pero nada influye más que el ejemplo familiar.  Los obstáculos más grandes que enfrentamos las mujeres son también obstáculos de tipo intangible que están fuertemente enraizados en la percepción colectiva y social el centro de nuestras sociedades, y que también han sido sembrados en  el interior de nosotras las mujeres. De manera que cuando somos capaces de criar a nuestras niñas como seres humanos autónomos capaces de reconocerse así mismas en sus potencialidades y fortalezas, les damos la oportunidad de derribar prejuicios y romper techos de cristal.

Nota: esta entrevista fue realizada por el equipo del Sector Social del BID a quienes agradecemos su gentil atención.

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