Puntos de vista

26 de noviembre del 2019

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Cómo formar a un(a) líder desde la niñez

 

En un hospital de zona urbana, dos niños yacen uno al lado del otro en sus respectivas cunas. El niño tiene un gorro celeste y la niña un gorro rosa. Sus familias, a lo largo de los años, les van regalando juguetes: para cuando la niña tenga 6 años, ya habrá recibido decenas de juegos de cocina, limpieza, y muñecas, con sus correspondientes mamaderas y pañales para cambiar. Para cuando el niño tenga 6, estará repleto de juegos para armar, herramientas, trenes, autos y dinosaurios.

Desde muy pequeños los niños se van socializando en lo que se solidificará como estereotipos. Los niños aprenden de chicos que llorar no está bien visto, inhibiendo su capacidad de empatía y su sensibilidad. Las niñas aprenden a cuidar de sus bebés y no se exponen al riesgo, a la aventura. Esta socialización primaria luego va a tener su reflejo en la división sexual del trabajo.

Si bien esto está modificándose y hoy vemos que hay programas específicos para generar en las niñas el interés por las denominadas CTIM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), aún falta mucho por hacer. Según la UNESCO, solo el 35% de los estudiantes matriculados en este tipo de carreras en la educación superior, son mujeres.

¿Cómo esto puede tener relación con el liderazgo? Ver el problema recién de adultos es ver la punta del iceberg. Sabemos que faltan mujeres liderando proyectos, encabezando ministerios, gobernando instituciones: lo vemos cotidianamente en las fotos de los diarios que ilustran la ausencia de mujeres en las mesas de reuniones donde se deciden los temas importantes que atañen sectores amplios de la sociedad. Asimismo, conocemos las diversas barreras con las que se encuentran las mujeres para acceder a posiciones de liderazgo (invisibles como el techo de cristal, o visibles como la brecha salarial). Se suman la falta de confianza en una misma, los estereotipos, la mirada ajena, los obstáculos para compatibilizar vida laboral y personal, la ausencia de políticas que igualen el terreno; todos frenos que se acentúan al momento de ocupar un puesto vacante.

Deshacerse de los estereotipos de género que encasillan desde la infancia es un paso fundamental para pensar en políticas integradoras que no expulsen a las mujeres del mercado laboral, sino que las tengan en cuenta como actor fundamental en el entramado social, que no repercutan en una mayor sobrecarga laboral para ellas (la “doble jornada laboral” significa que las mujeres luego de trabajar en forma remunerada regresan a sus hogares y siguen trabajando en forma no remunerada).

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Cuando pensamos en líderes, se nos vienen a la mente determinadas características que suelen estar asociadas a los hombres. ¿Cómo cambiamos esta percepción? Sheryl Sandberg, CEO de Facebook y referente en temas de liderazgo propone que en vez de decirles a las niñas que son “mandonas”, se podría expresar que tienen “habilidades de liderazgo”. ¿Por qué no? La palabra “mandona” o “bossy” en inglés supone una acepción peyorativa, que puede desincentivar a las niñas a desear ser líderes. Y a su vez, cualidades hoy muy valoradas en el ejercicio de liderazgo, como la empatía y la escucha, no son inculcadas en los niños; por el contrario. Lo que absorbemos en nuestros comienzos de la infancia tiene mucha influencia sobre cómo configuramos nuestros deseos.

La tarea de impulsar la presencia de mujeres en puestos de liderazgo y áreas clave gubernamentales, está ligada a la tarea de visibilizar y echar luz sobre este tipo de cuestiones. Que los niños puedan jugar con muñecas libremente, sin que nadie se ría ni lo mire en forma extraña a su alrededor, provocará que tengan mayor conciencia y responsabilidad sobre el cuidado de otros en el futuro. Que las niñas también jueguen con aviones, herramientas y dinosaurios las incentivará a aspirar a carreras que hoy conocemos como “no tradicionales” para las mujeres. También podemos pensar en modelos de muñecas que son astronautas y científicas como importantes para fortalecer su confianza y sus aspiraciones, y para que comprendan que tienen múltiples opciones para elegir su futuro y que pueden ser tan ambiciosas como sus pares varones.

¿De qué manera podemos incentivar el liderazgo femenino desde la niñez?

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Rocio Rodriguez

Politóloga (UBA)

Actualmente cursando Maestría en Estudios de Género (UCES), feminista.

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